Sin lugar a dudas fueron unas navidades inolvidables. En realidad fue mas bien a partir del día 31. Espero que esos días nunca pueda llegar a olvidarlos. Tras haberlos vivido, me atrevería a decir que para encontrar felicidad en esta vida, hay que tener a algún niño formando parte de ella. Empecé a entender esa necesidad imperiosa que experimenta algunas personas por tener un hijo. Esa sensación de tener a dos muñequitas en casa, con las que jugar, insaciables, deseando sacar lo mejor de ti en cuanto a imaginación y hacerte vivir una segunda infancia….espero no poder olvidar jamás esa sensación, todo eso que me hacían sentir con el solo hecho de tenerlas en casa. Y eso que ni siquiera hablábamos el mismo idioma! :) era divertido comprobar como las barreras lingüísticas no se dan en la infancia. Aún se me llenan los ojos de lágrimas al recordar a Sara explicándome mediante mímica, justo antes de marcharme, que ella, su hermana y su madre iban a asomarse al balcón a despedirme con la mano. Y como no conseguía parar de llorar y las abrazaba deseando con todas mis fuerzas seguir teniéndolas en mi vida, y que no crecieran, que siguieran siendo esas muñequitas de 4 y 6 años con las que había compartido momentos que me habían devuelto a la vida en tan solo 10 días.
Acabaron las vacaciones y ya de vuelta a Ubiquitilandia, Vuelta a vivir en soledad después de haber pasado todo ese tiempo siendo familia XXL. Melancolías mil. Vuelta a vivir momentos de amargura, dudas, llantos nocturnos e incapacidad de adaptación. Vuelta a los fantasmas. Vuelta a la realidad…
He visto morir a un hombre. Llevaba una semana viéndole diariamente, hablándo con él, tropezándome con sus piernas que colgaban del sillón y bromeando con él, y en ningún momento imaginé que había ni la más mínima posibilidad de verle morir. Asistí a sus últimas respiraciones, a como agonizaba…. Pensaba que lo de ser médico consistía en hacer algo en esos momentos. Ese día aprendí que no siempre hay q actuar… Mis ojos veían algo, y aunque tal vez en lo más profundo de mi ser comprendía lo que estaba pasando, en ese momento, no era capaz de asimilar porque no hacíamos nada por él. Mientras le veía agonizando pensaba en que realmente todos morimos solos. Me pregunté si se daba cuenta de que estábamos allí con él, si en ese momento, le importaba nuestra presencia, si se sentía acompañado… Al salir de la habitación y ver como la familia se derrumbaba al conocer la noticia, se me llenaron los ojos de lágrimas. Al llegar al estar yo también me derrumbé. Me preguntó a cuanta gente más tendré que ver morir.
Ayer fue mi primera guardia sola con adjuntos sin otro residente. La verdad es que tuve suerte que mis mayores me trataron genial, solo unos pequeños contratiempos: comer a las 6 de la tarde y mi primera reclamación. Todos me dicen que solo la primera duele, ya las demás te las tomas de otro modo. Espero que no haya muchas más.

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